(Reproducimos nuevamente este artículo,por petición de padres que lo vieron y escucharon y quieren volver a sentirlo)
"Aprendí a amar el trayecto, no el destino.
Aprendí que esto no es un ensayo general, y que la única cosa que podemos dar por segura es el presente.
Aprendí a ver lo bueno de la vida y a intentar devolverle algo de mi parte, porque creía profunda y completamente en ese gesto. E intenté hacerlo, en parte, explicándoles a los demás lo que había aprendido, aunque quizás muchos me vieran demasiado optimista. Les decía: detente a contemplar las flores y los árboles. Mira la carita de tu bebé. Busca un rato cada día para leer un libro que te guste. Que te dé el sol en la cara. Aprende a ser feliz y piensa en la vida como en una enfermedad terminal, porque si lo haces así, la vivirás con mucha más alegríay pasión.
Cualquier persona puede aprender todas estas cosas yendo por el mundo. Sólo hay que buscarse la vida auténtica. Una vida llena, una vida profesional, sí, pero también otro tipo de vida. La escuela no se acaba nunca. El aula está en todas partes y el examen llega justo al final.
En el lecho de muerte nadie ha dicho nunca que debería haber pasado más tiempo en la oficina.
Uno de mis mejores maestros fue un hombre al que conocí hace años en el paseo marítimo de Coney Island. Era diciembre y yo estaba escribiendo un reportaje sobre las penurias de los sin techo durante los meses de invierno. estábamos los dos sentados al borde de los tablones de madera, balanceando los pies en el aire y él me habló de su rutina diaria, de cómo se las apañaba vagabundeando por el bulevar cuando ya no quedaban restos de los veraneantes, durmiendo en cualquier sitio...
Pero me contó que la mayor parte del tiempo lo pasaba en ese paseo marítimo de madera, contemplando la mar, como estábamos en ese momento, incluso cuando tenía que taparse con periódicos par evitar el frio. Yo le pregunté por qué lo hacía, ¿Por qué no se iba a uno de esos refugios sociales? ¿Por qué...?
Se quedó mirando al océano, fijamente, y dijo:
Mire qué vistas, señorita, mire que vistas.
Así que cada día, de alguna manera, trato de hacer lo que me dijo, trato de mirar las vistas. Eso es todo.
Palabras sabias de un hombre sin una moneda en el bolsillo, sin un lugar adonde ir, sin ...
Mirar las vistas. Cuando lo hago, lo que veo nunca me defrauda." Anna Quindelen. Pequeña guía para ser feliz.
Ed. Integral
Y Andrea Boccelli lo cantaba con Laura Paussini en el maravilloso valle de Tuscany, en 2007.
¡Vive ya, que estamos en 2010!